24 jul. 2017

Mahler 6ª sinfonía "Trágica"

             
            En la Sexta Sinfonía, Mahler abandona el uso de la voz humana y se desentiende de las justificaciones programáticas en su música. Es decir, no existe un relato que justifique lo que está pasando en la música. Música absoluta, música pura. Dice Theodor W. Adorno, en su citado libro sobre Mahler, (Mahler una fisiognómica musical), “la expresión en la música no es expresión de nada determinado”. “La música, por estar llena de expresión, adopta un comportamiento mimético, imitativo, como los gestos que son respuesta a un estímulo”. Podríamos decir que la música “es como un lenguaje”, no es un lenguaje porque no tiene una semántica, pero “es como un lenguaje” en cuanto que tiene una sintaxis. Es la explicación formalista que da Hanslik según la cual la música la definía como “formas sonoras en movimiento”. Forma, sonido y movimiento. No hay más. Añadía Hanslick: “La música no tiene otro cometido que la relación significativa de sus elementos. Sus formas son libres, es decir, solo podrá hacerlo a través de la necesidad determinada de sus elementos, nunca a partir de algo exterior, ya sean contenidos procedentes de ideas o sentimientos”.  En el romanticismo los músicos luchaban contra el concepto de música como simple ropaje de la palabra, que era como se había entendido en sus orígenes.
Parece ser que ésta es una sinfonía poco apreciada por el público pero muy reconocida por los críticos. Es igual. Su escucha merece la pena. Destacamos de nuevo la escritura minuciosa de la partitura: las delicadas combinaciones de instrumentos que consiguen timbres particulares, el sutil manejo de las dinámicas (piano-forte), el juego armónico que incluye el intercambio de los modos mayor y menor. T.W. Adorno afirma que: “La dignidad de la música es tanto más elevada cuanto mayor es la hondura con que se percata de la condición contradictoria del mundo”. (La cursiva es nuestra). De manera que en el intercambio de modalidad entre mayor y menor,  encontramos una ambigüedad que es producto de cómo el mundo funciona, con los inesperados cambios entre sentimientos encontrados que nos llevan de un lado a otro en pocos momentos. Cosa que está en la base del mismo concepto de sinfonía. También destaca Adorno la falta de modulaciones en su obra. Las tonalidades cambian de forma brusca, tal vez por una falta de habilidad en sus primeras obras, pero convirtiéndose en un rasgo estilístico en la madurez, según apunta el crítico alemán. 

            La versión que traemos aquí destaca por varias cosas. En primer lugar se trata de una grabación con una extraordinaria calidad de imagen y de sonido, ya que los festivales de verano de Londres, conocidos como los Proms, exigen un notable esfuerzo por parte de la BBC que se juega parte de su prestigio en las realizaciones. En segundo lugar, merece la pena contemplar el ambiente de estos conciertos que tienen una orientación muy popular desde su creación. Proms es una abreviatura de Promenade concerts y fueron creados por un empresario privado y el director de orquesta Henry J. Wood.  Estos conciertos se celebran en el Royal Albert Hall que permite la presencia de un gran número de espectadores.
            Aquí el director es el ruso Valery Gergiev que conduce la World Orchestra for Peace, fundada por Sir. Georg Solti y dirigida por el ruso desde la muerte repentina de Solti en 1997. Gergiev tiene una sólida carrera que incluye las mejores orquestas del mundo, sin embargo tiene muchos detractores que le echan en cara una cierta falta de sutileza, (que hace que Mahler se parezca a Prokofiev) y aspectos como su costumbre de dirigir con una especie de palillo que utiliza como batuta. Tal vez su decidido apoyo a su presidente Puttin y a su política exterior le pueden haber ocasionado algunas antipatías en occidente. A mí me gusta su interpretación de la Sexta.
            La sinfonía se inicia con un Allegro enérgico, ma non troppo, (Heftig, aber markig), que es una marcha con un ritmo muy perceptible, que recuerda los desplazamientos de las tropas nazis para invadir Polonia, ¿o es que lo hemos escuchado ya en los documentales de la II Guerra Mundial? El caso es que esta sinfonía resultó premonitoria de muchas de las calamidades que iban a producirse en el futuro, como nos cuenta la Wikipedia en su entrada de la Sexta deMahler.
            Al final del primer movimiento el público aplaude, lo que me parece una cosa muy acertada, pues, aunque la etiqueta de los conciertos sinfónicos obligue a que no se aplauda entre los distintos movimientos de una obra, hay ocasiones, como ésta, en la que la partitura (y en su caso la interpretación) lo están pidiendo a gritos. Y no pasa nada porque el desarrollo de la sinfonía se suspenda durante unos segundos. Esa es mi opinión.
            Sigue el Andante moderato, que en esta versión va en segundo lugar. En otras versiones el Scherzo va antes que el andante, pues parece que Mahler tuvo dudas sobre el orden de los movimientos dentro de la sinfonía.
            El Scherzo vuelve a tomar el tono de determinación obstinada que primaba en el primer movimiento, con la excepción del trío central, que remansa un poco este ímpetu.
            El movimiento final es de nuevo vigoroso y variado, se inicia con unos pasajes inquietantes e incluye los golpes del martillo en la percusión (los golpes del destino) que auguran un final trágico. La sinfonía finalmente acaba mal. No tiene un final feliz: un tema de coral que se diluye en la nada y acaba en un lamento. 
   





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