21 dic. 2009

Wynton Marsalis y lo de Sigüenza.


Faltaría más. Cómo no iba a estar Wynton Marsalis detrás del escándalo de Sigüenza.
No creo que haya sido él quien haya promovido el suceso que contamos en “todas las músicas”: la denuncia de un paisano, (con la comparecencia de la Guardia Civil incluida), en un concierto de Larry Ochs en Sigüenza porque el músico no estaba haciendo jazz sino música contemporánea.
La anécdota ha trascendido a la prensa inglesa a través de Giles Tremlett en “The Guardian” y creo que se han pronunciado a favor de Ochs músicos como Charlie Haden. Hoy cuenta “El País”, que se ha enterado Wynton Marsalis y ofrece una recompensa para su colega, (defensor histérico de la ortodoxia), el denunciante seguntino. El titular de El País es un poco tendencioso: Wynton Marsalis tras el denunciante de Sigüenza. (¿Sabe o sospecha el periódico algo que no dice?).
El tema de la ortodoxia es un tema que nos viene preocupando desde siempre. En “todas las músicas” estamos hartos de esa ortodoxia propia de judíos conversos, (no de sefardíes ni de askenazis), incluso diríamos que esta repulsa heterodoxa está en la base de nuestro concepto fundacional del blog. Los ortodoxos sufren de una enfermedad filosófica. Así como suena. Los errores filosóficos devienen en graves problemas para la humanidad, problemas que no excluyen enfermedades. En este caso, el error filosófico consiste en no haber entendido a Heráclito cuando dice que todo fluye y que uno no se puede bañar dos veces en el mismo río, porque el agua que baja ya no es la misma con la que nos bañábamos la vez anterior. Para los ortodoxos el mundo es estático: eso les aleja del miedo a la muerte. Sienten como si las cosas no se movieran, como si pudiéramos vivir ya la eternidad que las religiones prometen para el futuro.
No se da cuenta el bueno de Wynton de que el jazz que él toca sería visto como una aberración por sus abuelos, que no lo considerarían jazz, sino esa extraña experimentación musical que hacen los blancos que no tienen swing. En su famosa polémica con Miles Davis, Marsalis le acusaba de traicionar el jazz-como-Dios-manda, sin darse cuenta que ese jazz lo había inventado Miles en los años cincuenta. Ahora el trompetista de Nueva Orleans pretende tocar como lo hacía Miles hace casi sesenta años y, además, considera que quien no lo haga no hace jazz.
Pero nunca va a conseguir hacer un disco como Kind of Blues. El chico toca bien, pero tiene una enfermedad de base filosófica que se lo impide.
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15 dic. 2009

Con el brazo levantado


Hay cosas que con el tiempo se han de arreglar. Desgraciadamente no todas pero sí algunas. Recuerdo que hace unos años no se podía hacer turismo sin filmar los viajes con una cámara de video VHS. Hoy día son menos los que prefieren perderse el viaje para llevarse una mala película del mismo y la mayoría de la gente prefiere disfrutar de los lugares que recorre en lugar de verlos a través del visor. Eso mismo está pasando en la música. No hay forma de asistir a un concierto de rock, pop, jazz o flamenco, sin que la mayoría de las personas que tienes delante estén con el brazo levantado tratando de filmar el concierto con el teléfono. Sé que no queda mucho tiempo para que el más estúpido espectador se canse de esas grabaciones infames en que no se ve ni se oye nada y sólo sirven para demostrar “que yo estuve allí”, pero en tanto llega ese día es una incomodidad añadida asistir a cualquier concierto sin que puedas ver nada de lo que está sucediendo porque un mar de brazos levantados te lo impide. Cuando yo era niño levantábamos el brazo en el colegio porque nos obligaban a hacer el saludo fascista. Otros han tenido que hacer lo mismo porque les obligaban a levantar el puño, pero finalmente lo que se ha impuesto ha sido levantar el brazo para saludar al consumismo más estúpido.
Ya queda menos para que se les pase esta inútil obsesión, (tan inutil como las anteriores).
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14 dic. 2009

La Caíta en el cine.

Aconsejamos entrar en esta dirección para ver a la Caíta en el final de la película Latcho Drom de Tony Gatlif:


http://www.youtube.com/watch?v=i_VRFwz3xTI&feature=related

10 dic. 2009

Tiempos modernos

La noticia en El País: Un espectador denuncia a un músico de jazz por no tocar jazz.
La música del saxofonista, a juicio de un espectador y sus acompañantes, no era jazz sino "música contemporánea", género que el denunciado tiene "contraindicado psicológicamente" por prescripción facultativa. Así consta en la hoja de reclamación cumplimentada en el lugar de los hechos, previa a la denuncia.
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Magnífica noticia. En primer lugar, porque si un médico (o un sicólogo) le ha dictaminado que la música contemporánea no le va bien a este tipo es de suponer que sea preciso que un musicólogo haga un informe que certifique si la actuación que se va a realizar es de ese género o no. Lógicamente no se puede dejar una cuestión tan compleja a criterio de la Guardia Civil. Uno hizo la carrera sin pensar que pudiera llegar a tener tales aplicaciones lucrativas.
Pero el tema presenta aspectos preocupantes. Por qué razón le puede ir mal toda música que sea contemporánea. Veamos en el diccionario de la Real Academia qué es contemporáneo/a:
1. adj. Existente en el mismo tiempo que otra persona o cosa. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo al tiempo o época en que se vive.
3. adj. Perteneciente o relativo a la Edad Contemporánea.
Lógicamente contemporánea no se refiere a un género determinado, como la ópera, sino que se refiere a una música con una determinada relación temporal con el enfermo. Es decir, la música contemporánea puede ser tonal o atonal, popular o académica, europea o sudamericana, etc. Este pobre hombre tiene un gran problema y su sicólogo también. Lo mejor que podría hacer sería dejar de ir a escuchar música a cualquier teatro y dedicarse en exclusiva a sitios como las iglesias y catedrales donde el uso de músicas vetustas está garantizado por Ley.
¿Cuál es el tiempo o época en que uno vive? ¿Le harán daño las músicas de hace 10 años, 20 años? ¿Son éstas contemporáneas? ¿Cuánto tiempo atrás ha de retrasarse la composición de una obra para que no le haga daño a este señor? Los primeros discos de Ornette Colemann son de 1958, lo que haría un total de cincuenta años atrás. Las variaciones para piano de Pierre Boulez son de 1945: serialismo integral. En este caso habría que echarse atrás unos sesenta y cinco años. El método dodecafónico de Arnold Schoenberg data de 1921 y desde esa época ha venido siendo aplicado en la música contemporánea. Hablaríamos de casi ochenta años. Pero superamos esa cifra si nos retrotraemos a la música de Edgar Varèse, que empezó a componer Amériques en 1918. Es fácil que estemos hablando de un siglo si queremos delimitar la música que este señor no puede escuchar. Este enfermo es el reflejo de una cultura enferma, de una cultura que no es capaz de escuchar la propia música que produce: vaya resultado. No nos engañemos, este señor que enferma con la música contemporánea es probable que sufra mareos con Wagner, Bruckner, Cesar Frank o Janácek; de modo que para que este señor, y la gran mayoría de la gente equilibrada, no sufra trastornos de personalidad al escuchar música habría que retroceder hasta los clásicos de la escuela de Viena y los barrocos anteriores. Eso sí, sin llegar a los excesos de la polifonía renacentista que arruina el alma de cualquiera.
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Lo más sorprendente de este caso es que nadie ha denunciado aún a David Bisbal, David Bustamante, Rosa, etc; a pesar de lo contemporáneos que son a nosotros.
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Le he cursado una solicitud a la Guardia Civil para que me defina qué es jazz. Espero su respuesta con ansiedad.

9 dic. 2009

La Caíta

Hay a quien le gusta el flamenco y hay a quien le gustan las coplas aflamencadas, con algo de la hondura de los palos flamencos pero nada más. En esto todo el mundo reclama la hondura del cante pero, en el fondo, todos nos quedamos en la superficie. El aficionado, que quiere ser cabal, exige siempre que se cante por soleares y por seguiriyas; por martinetes, tientos y tarantas. Como si lo demás no fueran palos flamencos. Pero no se dan cuenta de que la hondura no está en lo que cantas sino en cómo se cantan las cosas. Se puede oír a Camarón cantando sevillanas flamencas y esconderse ahí más flamenco que en todas las soleas cantada por tanto y tanto aficionado bien intencionado que aburre a las piedras. El flamenco es algo que surge de tarde en tarde cuando alguien, gitano o payo, canta con estilo cabal.
En Extremadura hay muchos que reclaman derechos sobre los cantes extremeños. No queremos aquí menospreciar a nadie, solo queremos decir que de todos los flamencos que se han quedado en estas tierras no ha habido nadie que cante el flamenco extremeño como lo hace la Caíta. Ni siquiera aquellos que han recibido premios y galardones y que han sido designados como grandes por el público o la crítica.
Se reprocha a la Caíta que sólo sabe hacer bien los cantes de aquí. Ella no fue al Conservatorio a estudiar música ni a Sevilla a aprender de los maestros andaluces. La Caíta, como todos los gitanos que tenían facilidad para el cante o el baile, se ganaba la vida asistiendo a juergas flamencas en los cortijos donde los viejos ganaderos y pequeños potentados les pagaban por estar allí cantando hasta la madrugada. El cante, en estos contextos, no es una actividad artística elevada a la máxima consideración, sino una actividad servil que ponía de manifiesto el inmenso abismo entre clases sociales que formaba parte de la tradición castiza española. Estas juergas servían, entre otras muchas cosas, para celebrar ese abismo. El siglo XXI entró en Badajoz con gitanos que aún ejercían oficios residuales como los limpiabotas y los flamencos, oficios cuya mayor utilidad era ser imagen de ese abismo de clases. Ya la mayoría se ganan la vida en otros comercios más rentables, muchos en el Mercadillo, unos pocos en el tráfico de drogas al por menor, pero aún quedan resquicios de lo que fueron las clases sociales de cuando el mundo era “como Dios manda”. (Por cierto, será por ese motivo que los gitanos, antes tan católicos, acabaron cambiando, sino de Dios, si por lo menos de mensajero y se pasaron en masa a la Iglesia Evangélica).
El caso es que la pobre Caíta se quedó en Badajoz cantando tangos y jaleos, mientras otros, menos dotados para el cante, hacían el camino que ella debía de haber hecho.
Lo que no hay quien le quite es que es una “Camarona” como la copa de un pino. Ella nunca ha recibido nada de esas cuantiosas subvenciones que se destinan a financiar las artes, incluido el flamenco. Es más, la he visto entrar en la Peña Flamenca de Badajoz porque venía algún artista que ella conocía bien y quedarse atrás, en la barra, porque no se atrevía a sentarse en las mesas donde se sentaban algunos de los que la contratan para las juergas flamencas. Al día siguiente ha ido en compañía de El Peregrino, (famoso bailaor pacense), al Parque de El Revellín, en San Roque, a coger su carro para barrer las calles cuando le ha tocado un contratito de esos que venían de los Fondos de Compensación Europeos para los parados.
Basura de tradiciones ancestrales.
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2 dic. 2009

Orestes Villasán

Todos tenemos días de mala suerte. Tal vez a Orestes Villasán le tocó uno de esos el día en que venía al mundo, alguna cosa debió salir mal. No lo sé. Pero si ese día le tocó la mala suerte, por el contrario tuvo mucha suerte con los padres que le asignó la fortuna. Yo les he visto acompañar a Orestes siempre que ha habido un acontecimiento flamenco en la ciudad y es que a Orestes el flamenco le encanta. Es un verdadero artista flamenco. Por eso cuando Tony Latif hizo la película “Vengo” que trataba de una historia de gitanos puso de protagonistas al bailaor Antonio Canales y a Orestes Villasán. En lo que yo conozco es la persona más cabal de Badajoz.
En este video de la película se le puede ver bailando con tres gitanos, él es el que baila solo en último lugar, (luego salen de encuedre bailando los cuatro juntos).
Personas como Orestes son las que hacen grande una ciudad. Badajoz es más grande gracias a él. Por eso el sábado cuando Diego Carrasco vino a actuar aquí lo llamó al escenario para que bailaran juntos.
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