30 jul. 2014

Guitarristas criminales: Lucciano Pizzichini

Ya he contado alguna vez que no tuve una formación musical adecuada de pequeño. Por el contrario, escuchando y escuchando fui puliendo un gusto musical propio determinado por la curiosidad y el simple placer de la escucha. Cuando era adolescente quería tocar la guitarra
y para lograrlo imitaba espontáneamente a mis ídolos juveniles. Enseguida conseguí imitar a Eric Clapton. Jimi Hendrix me costó mucho más, pero como me gustaba mucho, conseguí hacer con la guitarra esos trinos rápidos en la cuerda que son tan propios de la guitarra de blues y que Hendrix hacía tan bien. Con todo esto llegué a pensar que estaba aprendiendo a tocar, hasta que un día escuché unos discos de Andrés Segovia que tenía el padre de un amigo, al que pronto se unieron también Narciso Yepes y Regino Sainz de la Maza. Por entonces escuché a Paco de Lucía y, como empezaba a aficionarme al jazz, también escuché discos de Kenny Burrel, (al que con el tiempo tuve la suerte de escuchar en un concierto), Wes Montgomery y Django Reinhardt, así como de los nuevos guitarristas de jazz que mezclaban esas técnicas con las que provenían del rock como John McLaughlin y Larry Corryell, o del pop como George Benson. Después de escuchar a tan buenos guitarristas ya no pude seguir aprendiendo de ellos. Ya no era bastante aprender un par de trucos para imitar el sonido de estos guitarristas, de modo que acabé dándome cuenta de que esto era más serio de lo que yo pensaba y terminé colgando la guitarra en la pared de mi cuarto. Mi amigo José Vicente que había seguido un aprendizaje parecido en el bajo, se lo tomó en serio y se matriculó en el conservatorio siendo ya adulto y terminó el nivel superior de contrabajo, siendo en la actualidad profesor de un conservatorio.

Yo me dediqué a otras cosas y terminé ahí mi carrera de intérprete. Siempre dije que estos maestros de la guitarra habían conseguido que yo colgara los hábitos, (los hábitos musicales), y me dedicara a otros menesteres.

Sin embargo, habiendo alcanzado recientemente una edad provecta, decidí recuperar el tiempo perdido y retomar aquella afición por la interpretación al ver que internet permite hoy día acceder a partituras, tablaturas, listados de acordes, ejercicios de aprendizaje en video y montones de técnicas, softwares y apps para todo lo relacionado con el aprendizaje musical. Aprendí algunas canciones que me había resultado difícil aprender en mis tiempos jóvenes y me dispuse a madurar mis conocimientos de armonía moderna, aprendiendo algunos temas de los que se usan a menudo en el jazz, lo que se llaman “standards”. Empecé a trabajar con “Stella by Starlight”, una balada preciosa que han interpretado todos los grandes, y en mi paseo por la red encontré algunos músicos que incluso te explicaban la técnica en videos que colgaban generosamente de YouTube. Pero no sabía yo lo cerca que estaba de mi ruina cuando en una de estas búsquedas me topé con un tal Lucciano Pizzichini. Abrí el vídeo que anunciaba su versión del famoso standard y me apareció un chico de ¡nueve años! que, después de sonreír a la cámara tras las gafas de sol de su padre, hacía lo que se puede ver aquí. 



P.D. He vuelto a colgar la guitarra y esta vez creo que de forma definitiva. 

4 jul. 2014

Sonny Rollins y el puente de Williamsburg.



Respecto de esta grabación de Sonny Rollins dice Michael Crutcher en YouTube: 


Cuando Ornette Coleman apareció en escena en 1959, hizo que gran cantidad de músicos hicieran un examen de conciencia. Uno de ellos fue Sonny Rollins. Siempre un artesano serio, después de su  inicial carrera explosiva llena de éxitos, Rollins pasó los primeros años sesenta en silencio, dedicado al perfeccionamiento de su arte y al trabajo en las bandas de Ornette Coleman y de John Coltrane.

He aquí un ejemplo de esa época con Don Cherry  soplando en la trompeta.
Acerca de este video:  "52nd Street Theme". Grabada por la televisión italiana, en 1963
Sonny Rollins Quintet:
Sonny Rollins - saxo tenor y líder
Don Cherry - trompeta
Henry Grimes - bajo
Billy Higgins - batería

En 1959, Rollins realizó una larga pausa en la grabación de su música. Yo había oído que una de las cosas que contribuyeron a ello fue estar expuesto a la música de Ornette Coleman que causó que una gran cantidad de músicos consumados, incluido John Coltrane, dieran un nuevo giro a su arte.

Aquí está después de aquel período con tres de los acompañantes de Coleman.

Sobre aquella época y la famosa anécdota del puente, Sonny Rollins dijo lo siguiente:


"En los años 50 y 60, Lucille y yo teniamos un pequeño apartamento en Grand Street en el Lower East Side de Nueva York. Fue un tiempo agradable. Yo tenía un montón de amigos allí y me dio la bienvenida la gente del barrio. Como la mayoría de Nueva York, el Lower East Side ha experimentado mucho aburguesamiento, pero en aquel entonces, era un lugar mucho más étnico.
Empecé a practicar en casa porque necesitaba hacerlo, pero me sentía culpable porque soy una persona sensible y sé que la gente necesita tranquilidad en sus apartamentos.

Yo estaba caminando por la calle Delancey un día, no muy lejos de donde yo vivía en Grand Street y me acaba de parar a mirar hacia arriba para ver lo que me quedaba por andar. Y allí, por supuesto, estaba el puente, el puente de Williamsburg.  Aquella enorme construcción volando sobre el East River. No había nadie allí. Así que empecé a caminar justo enfrente del puente y pensé: "Wow. Esto es lo que he estado buscando. Este es un sitio discreto. Puedo soplar mi saxo tan fuerte como quiera." Debido a que los barcos pasan debajo, y el metro cruza aquí, y los coches,  yo sabía que era perfecto, pura casualidad. Entonces, comencé a acudir hasta allí con mi saxo con regularidad. Permanecía 15 o 16 horas al día en primavera, verano, otoño e invierno.”

2 jul. 2014

Cuba y la música.




Esta película tiene pinta de ser muy interesante. Traducimos aquí la reseña que publicó en su día Stephen Holden para el New York Times sobre la misma. 


MOVIE REVIEW
Cuba Feliz (2000)
FILM REVIEW; Pied Guitarist of Cuba Takes Joy on the Road
By STEPHEN HOLDEN

Published: June 12, 2002


Miguel de Morales, el trovador de 76 años de edad que rasguea su guitarra y canta sus cosas en el inspirado film de Karim Dridi “Cuba Feliz”, encarna al trovador errante como un hombre del pueblo depositario de su sabiduría emocional basada en la dura realidad de una nación empobrecida. Según viaja de una ciudad a otra en su Cuba natal, y se encuentra con músicos locales con los que improvisa, el Sr. Morales, que es conocido como El Gallo, recuerda a un Willie Nelson latinoamericano (sin su banda), haciendo su camino infatigable a lo largo de las rutas polvorientas de su país. 

Figura enjuta, curtido, El Gallo, vestido con una camisa negra y sombrero, aparece en primer lugar fumando un cigarrillo y observando cómo se desliza un carguero hacia el atraque en el puerto de La Habana. Canta una canción de una apasionada resignación que es un lamento sobre la dureza de la vida, el paso del tiempo y los amores perdidos pero no olvidados.

Aunque “Cuba Feliz” tiene el aspecto y el sonido de un documental, es en realidad una road movie musical libremente construido pero con un guion (de Pascal Letellier y de Mr. Dridi) que sigue a El Gallo de ciudad en ciudad en una gira nacional realizada en gran parte a pie. Portando su guitarra, deambula de La Habana a Santiago de Cuba, Guantánamo, Camagüey y Trinidad, para terminar de nuevo en La Habana, en el mismo lugar del que partió. 

Donde quiera que se detenga, El Gallo es inmediatamente recibido como un invitado especial, y se ve envuelto por las músicas. Tanto si se trata de la esquina de una calle, de un bar, una escalera o un patio de vecinos, los músicos aparecen mágicamente en la película y se ponen a tocar, algunas veces acompañando a El Gallo, algunas veces tocando para él. Uno de los más carismáticos, Pepin Valillant, es un trompeta de jazz y flamenco, perteneciente a la generación de El Gallo, que presenta una cómica exuberancia contagiosa al tiempo que ejecuta florituras en staccato. Sorprendentemente ágil, sostiene su instrumento con una mano mientras ejecuta series de estiramientos que incluyen algunos de toda la pierna. 

 Casi igual de carismático es Aníbal Ávila, un trompetista mucho más joven, acólito del Sr. Vaillant, que les acompaña por todo Santiago de Cuba. Así como un tal Mario Sánchez Martínez (conocido como Juan), un joven rapero cubano, cuyos versos de carácter político se mezclan bien con los ritmos afrocubanos, que muestra una continuidad generacional que es más difícil encontrar en otros países con una floreciente (y bien promocionada) industria musical comercial. Parece como si en Cuba todo el que no canta ni toca la guitarra o la trompeta, fuera percusionista. 

Aunque las canciones pasan de generación en generación, El Gallo pone el énfasis en el repertorio de baladas populares apasionadas, la mayoría boleros de los años cuarenta y cincuenta, que él interpreta con gran fervor. Uno no conoce la esencia de “Bésame Mucho”, ese grito quintaesencia de lo latino y de atormentado romanticismo, hasta que no escucha a El Gallo desarrollarla ardientemente, con una trémula intensidad que transforma su melodramática súplica por un último beso en una canción que trata de cómo aprovechar el momento antes de que sea demasiado tarde. 

Con su atención por la generación de músicos de más edad, “Cuba Feliz” es en cierto modo el hijo de “The Buena Vista Social Club” la película y la banda sonora que puso la música popular cubana tradicional entre las músicas del mundo. Pero aunque muchas de las canciones interpretadas por El Gallo y sus amigos datan de la misma época que las de “The Buena Vista Social Club” las dos películas son deliberadamente diferentes en su espíritu e intención. 

Al retratar viejos músicos cubanos como monumentos vivientes, la película anterior surgió como una manera de comparar sus rostros, poéticamente devastados, con la grandiosa arquitectura en ruinas. En contraste “Cuba Feliz” es un musical de calle de forma libre cuyas canciones se desarrollan como un producto espontáneo. La película pasa por alto el hecho de que muchos de los músicos que aparecieron en la anterior han abandonado el país para seguir sus carreras lucrativas en el circuito internacional de conciertos. 

Al ofrecer una visión descaradamente romántica de una nación cuyas canciones brotan espontáneamente de la vida cotidiana, la película exalta el sueño marxista de un folk de honestos trabajadores, con poco que enseñar sobre sus tareas, que vive armoniosamente, y condensa todo ello en una canción. Por atractiva que esa visión pueda parecer, las cosas no son tan simples. 

CUBA FELIZ Dirigida por Karim Dridi; escrita (en español con subtítulos en inglés) por Pascal Letellier y Mr. Dridi; director de fotografía, Mr. Dridi; editada por Lise Beaulieu; producida por ADR Productions, Alain Rozanes, Pascal Verroust y Jacques Debs; realizada por Empire Pictures. 

CON: Miguel Del Morales, Pepin Vaillant, Mirta Gonzáles, Aní¬bal Ávila, Alberto Pablo, Armandito Machado, Mario Sánchez Martínez, y Gilberto Méndez.

Aquí se puede ver la película completa: