27 oct. 2010

Morton Feldman

Las obras de Morton Feldman se caracterizan por sus sonidos aislados de larga duración. Son un equivalente en música de la pintura de su época. En los años sesenta triunfaba en América el expresionismo abstracto y Feldman tuvo relación con pintores como Jackson Pollock y autores de teatro como Samuel Beckett. En 1971 creó la música para la Rothko Chapel, una capilla construida en Houston, Texas, cuyo primer proyecto fue del famoso arquitecto Philip Johnson y en la que el pintor Mark Rothko colocó 12 cuadros. Su pintura se caracterizaba por rectángulos de un color con los bordes desdibujados. Para este ámbito creó Feldman la obra Rothko Chapel, en la que su música es la expresión sonora de los cuadros del pintor, una sinestesia.    
La capilla se utiliza para ceremonias religiosas de cualquier tipo. Está abierta a ser utilizada por cualquier religión. Cosas, de cuando los americanos se caracterizaban por su sentido de la tolerancia. Tiempos aquellos...


22 oct. 2010

Cáceres de Roque Baños.

La música de Roque Baños es siempre eficaz, por eso es uno de los compositores más reclamados por el cine a la hora de crear las bandas sonoras de las películas españolas. Hacer música para el cine es como hacerlo para un texto, éste presenta una estructura y la música no tiene más que seguirla, en el caso del cine es la acción la que le dice al compositor atento que música es la que se necesita. Para ser eficaz la música de cine debe ser “comprensible” por lo que rara vez se aparta de lo que el público está esperando. Más que expresar la estética del autor las bandas sonoras vienen a ser el reflejo de lo que al público le gusta y pocas veces ofrecen sorpresas. Aunque hubo un tiempo en que no fue así. El cine clásico de Hollywood, el de los años cuarenta, no sólo era una segunda oportunidad para los cineastas europeos que huían de la barbarie, especialmente los que procedían de la Europa central, sino también para muchos compositores que habían seguido la senda de Schoenberg y utilizaban el expresionismo de la música atonal para aderezar la acción de las películas. (Sobre este tema hay un libro de María de Arcos, "Experimentalismo en la música cinematográfica" que tiene muy buena pinta, según informan en la magnífica librería musical de Madrid El Argonauta.
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En el caso de la música que Roque Baños ha escrito para Cáceres 2016 apenas hay sorpresas. La Orquesta de Extremadura nos ofreció la pieza acompañada de la proyección de lo que suponemos que sería la película promocional de la ciudad para aspirar a la capitalidad europea de la cultura, de la que como sabemos ha sido ya apeada. Después de mostrarnos el entorno natural de las tierras de Cáceres, nos presenta las piedras de su casco histórico desde el amanecer hasta la noche. No aparece un solo ser humano en la filmación, lo cual no deja de ser paradójico para lo que la ciudad se postulaba. La cultura es el conjunto de patrones de comportamiento de los seres humanos. Hacer una exhibición de las piedras que otros seres humanos nos han legado desde el Renacimiento es un ejercicio vano: afortunadamente en Europa hay muchas piedras que nos recuerdan el pasado. Pero la cultura es algo que tiene más que ver con el presente. La síntesis de esta película banal parece ser la de la ciudad en la que no sucede nada. Bonito argumento para lo que pretendía.
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La música de Roque Baños para este desaguisado es una música agradable de escuchar, como no podía ser de otra forma, que lo único que expresa es una euforia extraña que no sabemos de dónde viene, tal vez es la alegría de los políticos ante la posibilidad de que si la ciudad sale elegida volverán a ganar las elecciones aunque no hayan cumplido el encargo recibido, es decir, gestionar la ciudad y promover el bienestar de la gente.
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El compositor se entrega a este optimismo inoportuno con complacencia.

Concierto de la OEX.

La Orquesta de Extremadura ofrece esta temporada sus conciertos los jueves en Badajoz. Asistimos ayer a un programa interesante que ofrecía el concierto para piano número 3 de Prokofiev en la primera parte, donde el pianista Janis Vakarelis hizo una exhibición de técnica y sabiduría musical que gustó al público y, en la segunda, La suite alentejana del compositor nacionalista portugués Luis Freitas Branco, que nos acerca a la música compuesta por nuestros vecinos inmediatos y finalmente el estreno de una obra encargo de la OEX con motivo de la frustrada campaña para promover a Cáceres a la capitalidad europea de la cultura en 2016.
Hemos encontrado un video con el movimiento final de la Suite alentejana que cumple con creces los mínimos de calidad de sonido e imagen que en este blog exigimos.

7 oct. 2010

Que nadie duerma.

Después de ver el anuncio de Campofrío, ese que utiliza una curiosa versión para orquesta de cámara del aria Nessun Dorma de la ópera Turandot de Puccini, he estado buscando otras versiones en YouTube de ese tema. El anuncio completo se puede ver AQUÍ.

No puedo con este aria. Es superior a mis fuerzas. Puccini estaba terminando la ópera Turandot en 1924 cuando le diagnosticaron un cáncer de garganta. Fue el 10 de octubre y el 29 de noviembre muere en Bruselas a consecuencia del tratamiento al que le estaban sometiendo. El aria mezcla unas progresiones armónicas y unas líneas melódicas que sobrecogen. Uno puede escucharla como si el compositor se despidiera del mundo. La ópera se estrenó póstumamente bajo la dirección de Arturo Toscani y con el español Miguel Fleta en el papel principal de Calaf.

Hay muchas versiones del Nessun Dorma, aunque la más conocida es la de Pavarotti. A mí me gusta mucho, pero buscando las versiones clásicas he encontrado la de Franco Corelli en una curiosa filmación. Corelli fue una referencia entre los años cincuenta y mitad de los setenta.





También es una versión de referencia la de Mario del Monaco.



Nessun dorma,
nessun dorma ...
Tu pure, o Principessa,
Nella tua fredda stanza,
Guardi le stelle
Che tremano d'amore
E di speranza.

Ma il mio mistero è chiuso in me,
Il nome mio nessun saprà, no, no,
Sulla tua bocca,
io lo dirò
Quando la luce
splenderà.

Ed il mio bacio scioglierà il silenzio
Che ti fa mia.

(CORO) Il nome suo nessun saprà
E noi dovrem, ahimè, morir, morir...

Dilegua, notte!
Tramontate, stelle!
Tramontate, stelle!
All'alba vincerò!
Vincerò!
Vincerò!

Que nadie duerma!
Que nadie duerma!
Tú también, princesa,
en tu fría estancia
miras las estrellas que tiemblan
de amor y de esperanza!

¡Mas mi misterio
se encierra en mí,
mi nombre nadie sabrá!
¡No, no, sobre tu boca lo diré,
cuando resplandezca la luz!
¡Mi beso deshará
el silencio que te hará mía!

(CORO)¡Su nombre nadie sabrá...
y nosotros, ay,
debemos morir! ¡Morir!

¡Noche, disípate!
¡Estrellas, ocultaos!
¡Estrellas, ocultaos!
¡Al alba venceré!
¡Venceré, venceré!




4 oct. 2010

Música y espectáculo.

El siempre certero comentario de Enrique Falcó en el diario Hoy estuvo dedicado ayer domingo al concierto de U2 en Sevilla. Si ese periódico pusiera más atención a lo que pasa, como hace este acérrimo defensor del whisky Loch Lomond, ganaría mucho y podría defender una profesionalidad que, para mí, tiene muy menguada. Por ejemplo, la Orquesta de Extremadura ha iniciado su temporada y por el periódico lo único que sabemos es que la berrea del Venado ha vuelto a esta tierra, lo que no es poco.
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En su breve artículo, Enrique Falcó se plantea dos cuestiones capitales, una de la música en general, cuando se pregunta si la música es un lenguaje, y otra de la música pop actual, al señalar la importancia que el espectáculo ha adquirido por encima del propio arte musical.
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Respecto a la primera se han escrito ríos de tinta llegándose a la conclusión por la mayor parte de los autores de que la música no es un lenguaje porque no trasmite un mensaje semántico, aunque es algo que se le parece mucho en su funcionamiento. Muy acertada es su apreciación sobre la conversión de la música popular actual en espectáculo. Música y espectáculo han ido unidos desde siempre y eso no ha supuesto merma del aprecio que la música despertaba en los oyentes. En la Grecia clásica, la musiké, el arte inspirado por las musas, no diferenciaba la música, la poesía y la danza. Su forma más conocida históricamente ha sido la ópera. La ópera es la unión de estos dos conceptos y nadie ha considerado que la música pierda brillo por ir unida al teatro, la representación, el espectáculo y la puesta en escena con llamativos decorados, al contrario, ha sido un acicate para buscar la obra de arte total, (la gesamtkunstwerk, según el terrible substantivo con que Wagner se refería a ello), una antigua aspiración artística de la cultura occidental que se remonta, al menos, al Renacimiento y tiene su origen en la cultura griega. Por otra parte, el espectáculo siempre ha sido fundamental para la música pop, el rock y sus derivados posteriores. El concierto pop no es sólo música, es puesta en escena, es la creación de una identidad compartida y aquí la identidad es algo que nos hace idénticos aunque cuando entramos en el local éramos diferentes. Es a lo que se refiere Enrique Falcó cuando dice que el grupo U2 fue “el nexo de 80.000 personas tan distintas”. Así sucede desde los primeros conciertos de Chuck Berry, de Elvis Presley o de los Beatles.
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Sin embargo, hay un aspecto reciente en la preferencia actual por el espectáculo en la música popular que me preocupa un poco, en cuanto que, ahora sí, podría ser síntoma de cierto deterioro del aprecio del público por la música. Es tan grande la influencia que lo visual ha tenido sobre la generación más joven, la que se ha educado con la televisión, los videojuegos y los ordenadores personales, que parece como si la música hubiera perdido terreno entre las preferencias del público. Hoy día no se escucha a una cantante pop que no sea una belleza deslumbrante. Nadie ha pensado que una chica o un chico feos pudieran tener una voz y una musicalidad portentosa cantando. Si un artista pop, además de hacer música, ofrece una imagen atractiva, excitante u original, su encanto aumenta y su aceptación popular también. Pero esto se ha llevado últimamente a extremos que son preocupantes, al menos en determinados entornos de la música popular. Los promotores del negocio, que no del arte, ofrecen unos “productos” en los que prima la presentación visual por encima de la calidad intrínseca, de la misma forma que se hace con la bollería industrial, los aparatos electrónicos de consumo o los frasquitos de cosmética que tanto se venden hoy día. La aceptación actual de "los musicales", una forma de espectáculo que nunca había triunfado en España salvo en formas autóctonas como la “revista”, muy apreciadas por el público de edad, va en la línea de lo aquí apuntado. Para que la gente acepte la música hay que dársela vestida de ropajes ajenos. Esta conjunción entre lo visual y lo musical se inicia ya en los años ochenta con el éxito de los videoclips, que son una forma de marketing musical.
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Sin embargo la clave de esta conexión entre el video y el audio está en saber cuánta gente es capaz hoy día de disfrutar de la música tal cual, escuchándola en un ipod, sin ningún aditamento visual.