27 ago. 2010

Boulez en Lucerna



Todos hemos criticado alguna vez a Pierre Boulez. Yo, al menos, lo he hecho. Es un hombre que da la impresión de tener un ego monumental. Mientras la vanguardia experimental americana se volcaba en diluir los aspectos de control social que están presentes en el mundo musical, como ha hecho el ácrata John Cage, el muy cartesiano compositor francés se esforzaba en crear la música más compleja que jamás se hubiera hecho y en la que se reflejara su poderío como creador insuperable. También es conocida su aptitud para seducir a los políticos, como cuando consiguió del “gaullismo” la creación del IRCAM, (Institut de Recherche et Coordination Acoustique/Musique). Y es que a los políticos le gustan las figuras notables, las figuras con repercusión y que no pasan desapercibidas, porque eso mismo es lo que quieren ellos para sí. Por otro lado, después de una vida centrada en la creación de la música de la segunda mitad del siglo XX, encabezando el movimiento de la postguerra con la única colaboración, (al nivel estelar que le es propio), del recientemente desaparecido Stockhausen, no tuvo ningún escrúpulo en abandonar la composición para dedicarse a dirigir orquestas interpretando “el repertorio” si bien con cierta inclinación hacia sus maestros de entreguerras. Ya hemos dicho que suponemos que probablemente tendrá que sostener una mansión en la Costa Azul y que de otra manera, sin la dedicación a la música de éxito, o a lo que de éxito puede tener el mundo de la música seria, sería imposible financiar.
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Dicho todo esto, tenemos que reconocer que su dedicación a la música es inmensa y que su enorme personalidad ha cambiado el mundo musical del siglo XX por sí solo, tanto en el campo de la composición musical, en el de la gestión en el ámbito del IRCAM, con una gran incidencia en el nacimiento de las músicas espectrales y las últimas vanguardias europeas, como en el de la dirección de orquesta, tal como hoy se entiende el trabajo con la batuta. Pierre Boulez es, lo queramos o no, un personaje imprescindible a sus 85 años.
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Lo cuenta la crónica de El País con motivo de su actuación en el festival de Lucerna, festival que se ha convertido ya en la referencia del verano, por encima de Salzburgo o de los Proms del londinense Royal Albert Hall.




19 ago. 2010

Africa de nuevo.

Magnífico artículo en El País, (que aparecerá en el Tentaciones de mañana), sobre la música en África. Este artículo sirve de introducción para quien no conozca el tema y quiera interesarse en ello. Para que se vea que esto no es cualquier cosa y que aquí hay más originalidad de la que hace gala el gastado pop occidental dejamos dos videos.
El primero es de konono Nº 1, los Congotronics. Se basan en la música del Likembé, un instrumento basado en el popular Mbira o Kalimba, que está formado por unas lengüetas de metal sujetas a un resonador. Yo me compré uno muy gracioso en la tienda de arte de la Fundación Tyssen, (si no recuerdo mal), que usaba como resonador una cáscara de coco seca. Hacen su música con aparatos de desecho, tanto en la electrónica como en la percusión. Estos músicos hacen de la necesidad virtud y crean una música nueva y excitante.
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Lo mismo que los Staff Benda Bilili, también del Congo, que son músicos de la calle que han sufrido los efectos de la poliomielitis y ahí están, haciendo un sonido de lo más original.







13 ago. 2010

Brisas del verano.

A George Benson le dijo una vez Quincy Jones que si quería triunfar no tocara canciones tristes y, como de esto sabe un montón el que fuera productor de Michael Jackson que se hizo rico a su lado, pues siguió su consejo.

La música de Benson es el paradigma de la música negra comercial en EE.UU. Lo puede comprobar cualquiera que escuche las emisoras de radio de las bases americanas en Europa. Hay que reconocer que es un hortera de cuidado, con esos arreglos que hace, siempre con un fondo como de sintetizador haciendo cuerdas, (o con cuerdas de verdad), la sintonía de la felicidad que no desentonaría en el “Barco del amor” de aquella serie americana, cantando como un romántico para enamorar a jovencitas adolescentes…

El problema es que no conozco ningún guitarrista mejor que él. Hay discos enteros que están hechos de canciones casi sin partes instrumentales, pero hay veces, como aquí, en que se le puede oír tocando la guitarra de jazz como nadie, ni Pat Metheny, ni Mike Stern, ni John Scofield. Nadie la toca como George Benson.

Una pena.

George Benson ha estado en el Festival de Jazz de San Sebastián y cuentan las crónicas que durante un ratito tocó la guitarra maravillosamente.




6 ago. 2010

Música para cuando el mundo se acabe.

Realmente la música que oiremos cuando el mundo se acabe ya está escrita. Se trata de la pieza 4’ 33’’ de John Cage. La pieza se ha interpretado en distintas versiones para varios instrumentos, trascribiendola del original que era para piano. Aquí hemos encontrado una versión para Ukelele y la traemos porque nos parece interesante, dadas las características de este instrumento. La interpretación hace una lectura de la partitura de John Cage que a nosotros nos parece muy precisa, tal vez algo exagerada en las dinámicas, pero siempre tratando de sacar a la luz todo el contenido musical que el autor nos quiso transmitir.



Que disfrutéis de su audición.

2 ago. 2010

Salzburgo 2.010.

Como podrán comprobar los que nos siguen, las músicas que más nos interesan son las que se están haciendo ahora, tenemos interés en ver qué es lo que se está fraguando en todas las áreas de la creación musical.

Dice El País que el festival de Salzburgo, (verdadero escaparate de lo que se cuece en el mundo de la música “seria”), a consecuencia de la crisis, ha apostado este año por la creación en lugar de por los montajes costosos. Nos parece estupendo. El festival ha comenzado con una ópera de Wolfgang Rihm, aunque el propio autor dice que se trata de una fantasía operística. Él sabrá.

Posteriormente destaca este periódico el éxito de Ricardo Mutti en el “Orfeo y Eurídice” de Gluck.

” Al final de la función había alineados a la puerta un par de docenas de audis de lujo y se veían procesiones encabezadas por distintivos comerciales, con grupos de personas de lujosos vestuarios a la velocidad que permitían los supersónicos zapatos de tacón de ellas, encaminándose al ascensor de la montaña del Monchsberg para allá arriba, en el restaurante del Museo de Arte Moderno, participar en cenas con vistas. Obviamente todo el mundo se paraba en la calle para contemplar los cortejos.”

Con crisis y todo estas cosas no pueden faltar en la ciudad de Mozart. Pues muy bien. Nosotros nos quedamos con Rihm aunque manifestemos nuestra admiración por el compositor alemán y por el director napolitano.