21 oct 2009

Anarquista del silencio

Qué lástima no estar en Barcelona para ira al MACBA y asistir a los actos organizados en honor de John Cage. Allí estará el recuerdo de las vanguardias con Marcel Duchamp, Robert Rauschenberg, coreografías a lo Merce Cunningham, que tenía prevista su asistencia pero al que le ha sido imposible por una razón de mucho peso: ha muerto este año. En fin, lo mismo empezamos a tener nostalgia de las vanguardias, eso sí que sería una paradoja, un oxímoron.
El artículo de El País llama al autor americano “anarquista del silencio” y parece, según el contexto, que se refiere al carácter aleatorio de sus composiciones, a lo inusual de su música o a la falta de un sistema musical firme. No se trata de eso. Cage se definía como anarquista, entre otras cosas, porque estaba dispuesto a terminar con la división del trabajo que instala a unas personas como compositores ilustrados, otras como intérpretes y otras como simples oyentes. Cage proponía acabar con estas distinciones, por eso afirma “Lo que ha sucedido es que me he convertido en oyente”. Quería acabar con las clases sociales y hacerlo revolucionariamente con una acción directa, en este caso artística, sin un método y sin una autoridad.
Era un personaje que causaba una impresión muy fuerte, mezclando inocencia con tenacidad e incluso carisma. No olvidemos que por entonces John Cage era la máxima autoridad de las vanguardias musicales al otro lado del océano.
En el conocido vídeo que nos presenta al compositor en un popular show televisivo de 1960 llamado “I've Got A Secret”, podemos verle en un happening titulado Water Walk. Su actitud simpática y risueña no impide que ofrezca su trabajo con la máxima concentración. No es un bromista, tampoco es un montaje irónico de intención postmoderna, él se cree lo que está haciendo. Uno no se imagina a Pierre Boulez ni a Karlzheinz Stockhausen haciendo esto en un programa de entretenimiento masivo de la TV, pero John Cage no se sentía un genio que estuviera por encima de los mortales. Simplemente hacía lo que quería hacer y al tiempo, trabajaba para cambiar la percepción que tiene la gente sobre el mundo, el arte y la cultura.


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