8 jun. 2007

Steve Reich


Escribimos sobre todas las músicas por un principio metodológico que es en realidad una forma de entender el mundo.
Steve Reich refiere, para indicar que había recibido una educación clásica, que había "crecido con los favoritos de la clase media". Quería decir que la música europea de 1780 a 1900 no era sino el reflejo de una clase social, de un tiempo, de un lugar, según una interpretación etnomusicológica que él estaba interesado en superar. En su fase formativa, Steve Reich, además de una formación clásica de pianista y universitaria de filósofo, estudió en la Julliard School of Music coincidiendo con Philip Glass y después en San Francisco (Mills Collage de Oakland) porque enseñaban allí Darius Millaud y Luciano Berio. Por entonces se relacionaba más con artistas plásticos minimalistas que con los músicos con los que se había educado, con la excepción de Philip Glass que seguía un camino parecido. Trabajó con varios músicos de los que formarían la mítica banda de rock Grateful Death, así como con músicos de jazz, era admirador de Miles Davis (que también estudió en la Julliard), Charlie Parker y Kenny Clark. Empezó en el grupo del músico minimalista de Terry Realy y fundó una banda de jazz con un amigo pianista, razón por la que eligió trabajar con la percusión. Estudió percusión en Ghana, con un maestro local y en EE.UU. las músicas balinesas gracias al experto etnomusicólogo canadiense Colin Mcphee, así como la música de otros paises de oriente. Posteriormente ha grabado con intérpretes como el guitarrista de jazz Pat Metheny en Trains o ha realizado experimentos sonoros más propios del grupo Fluxus. Finalmente se ha movido en busca de una identidad mediante experiencias musicales con los textos de la tradición hebrea.
Si los autores europeos como Zimmermann o Maxwell Davies son capaces de relacionarse con otras músicas, la forma en que lo hacen los americanos está más lejos de los prejuicios que distinguen música popular de música seria en Europa.

5 jun. 2007

Bern Alois Zimmermann


He escuchado el concierto para trompeta y orquesta de Bern Alois Zimmermann “Nobody knows the trouble I see”. A continuación he buscado más información en Internet y me he encontrado con que este señor se suicidó al cumplir los cincuenta y dos años, que es una edad como para estar de vuelta de todo. (La casualidad ha hecho que mañana cumpla yo esa edad, pero quiero tranquiizar desde aquí a los miles de lectores de este blog de que no voy a seguir a Zimmermann por ese camino). Me ha recordado al Art Ensemble de Chicago y sobre todo a la trompeta de Lester Bowie, con su sonido tan original. Creo que éstos llegaron más lejos que el maestro alemán, aunque también hay que decir que le sobrevivieron. Es una opinión. NO. (No es que llegaran más lejos, es que venían de un territorio más alejado de la tradición europea).
Ahora voy a escuchar Di Soldaten. Ya veremos.

1 jun. 2007

Batallas del abuelo

Aún adolescente acababa de ingresar en una universidad, la politécnica de Madrid, que más bien parecía un campo de batalla. Los numerosos policías patrullaban por las desiertas avenidas montados a caballo, con unas porras muy largas y todos los edificios del campus estaban repletos de soflamas que llamaban a la revuelta contra la vieja dictadura que se había vuelto más insoportable precisamente porque había agotado todas las posibilidades de sobrevivir y su cansancio nos caía encima como una losa.

Una mañana de primavera nos enteramos de que todas las emisoras del vecino país se habían confabulado contra su dictador llamando a la rebelión al pueblo y al ejercito mediante la contraseña de una canción popular que un tal Xosé Alfonso había compuesto para la ocasión: Grandola vila morena, terra do fraternidade…

Hace poco pude satisfacer una vieja aspiración y, por fin, conocer la hermosa ciudad de Coimbra. Admirando las piedras veteranas de la Sé Velha, subí la escalinata que da a la portada Oeste y me encontré súbitamente con un retrato conocido en una pared de una casa frente a la catedral.


Abejarucos




Este blog de todas las músicas, sigue la senda marcada por Oliver Messiaen y promueve la escucha del canto de las aves tanto o más que promueve la escucha de los cantos de Anne Sofie von Otter o Estrella Morente.

Por eso nos indignamos con noticias como la que apareció el verano pasado en La Mañana de Lleida, http://www.lamanyana.es/web/html/lanoticia.html?id=57774&seccio=Comarcas&fecha=2006-03-08&sortida=03:00:00 en la que los apicultores pedían "disminuir" las poblaciones de abejarucos para impedir que estos se coman las abejas (como vienen haciendo desde hace millones de años) y evitar así la disminución que se aprecia en el número de individuos de las colmenas.
Los abejarucos se van en otoño a Africa y vuelven por primavera a España. Esta temporada, cuando han vuelto, hemos sabido que el problema de las abejas reside en la interferencia que produce en sus sistemas naturales de navegación las ondas electromagnéticas de las antenas de telefonía móvil que han llenado nuestros espacios naturales. No he oído a los apicultores pedir el desmontaje de las antenas.
Desde "todas las músicas" proponemos salir al campo, apagar los teléfonos móviles y disfrutar con el vuelo y el canto de las aves.
(Los abejarucos se encuentran en toda la Península Ibérica, en zonas próximas a ríos, donde excavan sus nidos en unas pequeñas cuevas que construyen en las paredes verticales de sus cauces. Son posiblemente los pájaros con colores más hermosos de entre los que podemos disfrutar por estos lares).

Arnold Schoenberg



Soy un viajero trotamundos. Viajo así porque soy pobre, si no, tal vez viajaría como esos viajeros ingleses de finales del siglo XIX y principios del XX que se iban a pasar medio año a Florencia para conocerla bien, como en la novela de E.M. Foster "Una habitación con vistas". También porque odio volar en avión, así que mi forma de viajar consiste en coger una caravana y salir a recorrer Europa siempre que tengo ocasión. En estos viajes lo que más me han gustado ha sido posiblemente Alemania, sus ciudades tan ordenadas y cuidadas, su patrimonio arquitectónico tan pulcramente restaurado, su sentido "ciudadano" que le ha llevado a peatonalizar los centros de las ciudades, su respeto por el medio ambiente, ya de vuelta de la época de la industrialización salvaje, su aprecio por la cultura y su forma serena de disfrutar de la música. Quiero decir con toda esta perorata que no soy de ninguna manera germanófobo, sino que por el contrario más bien podría definirme como germanófilo y, desde luego, no soy de los que piensan que todos los alemanes son nazis, (aunque la mayoría de sus abuelos lo fueran), pues no creo que la culpa sea hereditaria.
Pues bien, a pesar de ese aprecio por lo germánico (excluido el extremismo nacionalista que llegaron a desarrollar), tengo una cierta animadversión por la música alemana del romanticismo que no soy capaz de superar. Me gusta Beethoven, aún en épocas en que no está de moda como ahora, me gusta Schubert y algo de Schumann, pero a partir de ahí, esa insistencia en el trabajo temático y el desarrollo de las progresiones armónicas me resulta cansado en Brahms y sobre todo en Bruckner. Para mí la música alemana recibe un soplo de aire nuevo primero de Wagener y después de Arnold Schoenberg (precisamente un judío, ¡qué paradoja!).
De Arnold Schoenberg existe una página en internet que es una auténtica maravilla, se trata de
www.schoenberg.at . Con una entrada en inglés, se puede decir que tiene todo sobre el autor. Se puede escuchar directamente toda su obra, que está perfectamente catalogada por número de opus y por fechas. Además cada pieza ofrece entradas entre las que suele encontrarse comentarios del propio autor, análisis, referencias sobre su composición, etc. Una auténtica maravilla.